Cómo la inflación agudiza el hambre en Venezuela

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Hay que detenerse y releer para poder imaginar el tamaño de algunas cifras: en Venezuela, la inflación de alimentos durante la cuarentena por coronavirus alcanzó el 671,8%. La traducción a las calles es pobreza y desnutrición, un drama cotidiano que marca y atrapa a los ciudadanos más que nunca. Ir al mercado es sinónimo de sorpresa. Si un ciudadano va dos veces en la misma semana, los productos de la canasta básica tendrán precios diferentes. El régimen acusa a las sanciones ya la oposición, la mala gestión del Ejecutivo. En medio de la disputa, los ciudadanos pasan hambre y hay quienes, como siempre, hacen fortuna y se llenan los bolsillos con las necesidades insatisfechas de un país en el que muchos sueñan con vivir el drama de llegar a fin de mes. Las cuentas están hechas para comer todos los días.

Hoy el precio del dólar ronda los 450.000 bolívares soberanos pero ni siquiera la moneda estadounidense amortigua el golpe, incluso quienes reciben salarios o remesas en moneda estadounidense pierden poder adquisitivo día a día, una realidad que todavía nadie mide con precisión pero que se percibe constantemente en las calles.

subidas y más subidas

“Café, 2,5 millones el kilo; hace un par de meses lo pagó a 1,2 millones”, asegura a EFE Johnny Torres. “El aceite de soja, que es el que más se consume aquí, tuvo un costo aproximado de 300.000 y ya supera los 640.000 en menos de tres meses”, agrega Juan Latre. La denuncia llega incluso al producto más básico de la dieta venezolana, la harina para las arepas porque “hoy el kilo vale más de 460.000”, es decir, 60.000 bolívares más que el salario mínimo que percibe la mayoría de los venezolanos.

Con Latre coincide Yusbey Medina: “Antes pagaba 230 por harina y ahora 460 por harina, un dólar”. La inflación es tan desenfrenada que los venezolanos han dejado de contar ceros y sacan tres de una moneda a la que ya le han amputado ocho reconversiones en sus operaciones del día a día. “Los huevos cuestan 680.000; Antes pagaba 300.000 por medio cartón y hoy 680.000 por medio cartón, es una barbaridad ”, añade. “El kilo de leche en polvo costó un millón algo y ahora son casi cuatro millones”, se queja Tibisay Vadillo. El último en sumarse al torrente de reclamos es Hermes Ayala, quien, en el mercado del sector popular del Cementerio, explica a EFE que “todo ha subido un 400-500% en menos de 3 meses”. “Hace dos o tres meses comprabas un kilo de carne por 200.000 bolívares, hoy cuesta de 1,6 a 2 millones”, dice.

Un porcentaje sombrío

Los datos de la empresa Econanalítica coinciden con las de los habitantes de Caracas. Su última estimación indica que, desde que comenzó la cuarentena en Venezuela en marzo pasado, los precios de bienes y servicios han subido un 461,4%. En el caso de los alimentos, el aumento es del 671,8%. Tienes que detenerte y repetirlo lentamente 6-7-1 punto 8 por ciento. Con estos datos sobre la mesa, Hermes explica que un hogar venezolano, para adquirir la canasta básica, “necesita alrededor de 240-250 dólares mensuales” y enfatiza: “Para lo básico”. Por lo tanto, se necesitan casi 300 veces el salario mínimo para llenar el refrigerador con “lo básico”. “Y si ganas un dólar al mes, ¿qué estamos haciendo?” Él se pregunta. Por eso, explica este vecino del Cementerio, la gente vive de las ayudas que envían sus familiares que se han ido a trabajar al exterior, unos 5,5 millones de personas, según la ONU, que son “las que envían dinero para poder vivir bien”.

¿Y si uno no tiene parientes afuera? “Terrible, terrible, el límite de la pobreza, se podría decir”, responde Hermes con el rostro ensombrecido y agrega: “Por eso ves gente comiendo en la basura”.

No hay capricho para la nieta

Tibisay Vadillo, que se queja del precio de la leche en polvo, tiene nieta y, como toda abuela, hace todo lo posible para darle un capricho, un dulce, es decir, ser como se llama en cualquier parte del mundo “. Sea abuela “. Sin embargo, la crisis venezolana le roba a sus ciudadanos hasta esos momentos de la infancia, una piruleta, el clásico dulce de los niños, hoy cuesta 70.000 bolívares “y eso regateando, buscando precios”. “Voy (a comprar) porque el (día) 27, el cumpleaños de mi nieta, quiero hacerle una gelatina pero estoy mirando los precios porque de verdad …”, dice.

Esas elipses que deja Tibisay en el centro de Caracas, donde confluyen muchos ciudadanos de la capital en busca de un mejor precio o un producto que la escasez no permite encontrar por ningún lado, resumen el abatimiento en la vida de los venezolanos. Hoy no queda más que un rastro de esa escasez que llenó a Venezuela de filas para comprar, pero se ha instalado algo quizás mucho peor, la imposibilidad de comprar productos básicos. Los supermercados están llenos pero el estómago sigue vacío, ¿qué alternativa hay, cuando en siete meses los precios crecen un 671,8%?

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